una famosa historia

El 21 de septiembre de 2001 era el día de la primavera, no? como todos los 21 de septiembre. Bueno, yo estaba por Santa Fe y Callao con Nati haciendo "negocios", cuando nos dimos cuenta de que a ella le habían manoteado la mochila y le habían robado algo. Subimos al 140 en Córdoba y Callao compungidas por la mala suerte que teníamos, y lo difícil que eran las cosas. Íbamos paradas charlando, por el medio más o menos, ella mirando para atrás, yo para adelante que me mareo, cuando a la altura de Facultad de medicina sube él. Ni bien sube y empieza a caminar para atrás, yo lo miro, él me mira, y le digo a Nati "ah no no no no sabés lo que acaba de subir! me enamoré, me enamoré". Él se paró cerquita nuestro pero dándonos la espalda, yo no paraba de mirarlo, y él no paró de darse vuelta para mirarme. Después de muchas cuadras, se desocuparon dos asientos de atrás de todo, y Nati y yo nos sentamos. Durante otro largo rato, a pesar de los intentos de ella por "descolgarme de mi nube" seguimos mirándonos cara a cara. él siguió parado aunque se desocuparon asientos. Yo pensé que era para mirarme a mí, pero era para que la camisa no se le empapara por el respaldo caliente de cuero. Cuando era el único parado a pesar de todos los asientos vacíos, se sentó al lado de la puerta (era un colectivo de puerta en el medio). Cuando lo vi tan al alcance de la mano, le dije a Nati: "puedo ponerme un cartelón con mi número de teléfono en el bolso, y al bajar pasárselo delante de sus ojos?". Pensé que ella me diría que la cortase, pero me dijo "sí! por favor! hacelo! alegrame el día!" y fue ahí que me dio una rosa que le habían dado a en una panadería (no olviden que era el día de la primavera), y le cambiamos el papelito de la panadería por uno con mi nombre y teléfono. Al bajar le daría la flor, escaparía como una buena cobarde, y que fuera lo que Dios quisiera. Pero la cosa se complicó. Ya nerviosa por lo que estaba a punto de hacer, decidí que bajáramos una parada antes, porque si él se bajaba antes lo perdía y no podía hacer mi travesura. Cuando nos acercamos a la puerta él se paró detrás nuestro, dispuesto a bajar también. Por lo tanto tuve que enfrentarme cara a cara con él, darle la flor en el medio de la vereda, negociar porque él me la quería devolver haciéndose el caballero, insistir en que aceptase el regalo de una mujer, hablar durante media cuadra del clima y . . . darme cuenta que para él sí era el día del estudiante, porque todavía estudiaba, porque era 5 años menor que yo. Nos despedimos en las 8 esquinas, que son 6, pero no sé por qué las llaman 8, él se fue para su casa y yo para la mía. Al parecer después leyó el papelito, me llamó por teléfono, yo no lo reconocí porque no sabía ni su nombre, y después de dos llamados me di cuenta, lo llamé yo, hablamos, salimos y fuimos felices y comimos perdices..